jueves, 15 de mayo de 2014

APRENDIENDO A HACER PAN EN AUSTRALIA


2014.

Para nosotros empezaba un nuevo reto. Con el objetivo de mejorar nuestro inglés viajaríamos por Australia “trabajando” en diferentes casas y granjas.

Si al comienzo del viaje alguien nos hubiera dicho esto quizás nos hubiésemos reído.

Lo cierto es que sin visa de trabajo este país es carísimo y Helpx es una muy buena opción.

Después de recorrer Tailandia, Laos, Vietnam, parte de Camboya y un poquito de Malasia por fin estábamos en Australia y teníamos un plan.

El 1 de enero nos montamos en un autobús, desde Sydney rumbo a Moruya, un pueblecito en la costa, cercano a Batemans Bay, a unos 300 km al sur de Sydney. Allí nos esperaba una familia francesa que lleva viviendo en Australia más de seis años. Ostentan un obrador y venden el género en mercados; pasaríamos con ellos un mes.

Os mentiríamos si os dijéramos que no estábamos nerviosillos. Esto de helpx era nuevo para nosotros. Los datos que teníamos eran: familia joven con tres hijos, pequeña granja con gallinas, patos y cabras; y obrador con postventa en mercados locales.

 
Nos vino a buscar el padre de la familia con la hija pequeña de seis años, bastante tímida al principio, y Gauthier un francés amigo de la familia.

Era de noche y no pudimos apreciar nada en el camino a casa, pero al llegar nos sorprendió encontrar  una casa-dúplex nueva y lujosa, no era un tipo caserío o granja que era lo que habíamos imaginado.

A la mañana siguiente después de las presentaciones, nos enseñaron el obrador que lo habían montado en el garaje de la casa.

Tenían varias máquinas para hacer la masa del pan, fermentadora, dos hornos y otra máquina especial para la masa de la bollería.

Tuvimos nuestra primera clase práctica de cómo hacer una baguette y la verdad es que no se nos dio nada mal.

 
A parte de nosotros había otra chica francesa y Gauthier, que es chef pastelero en Melbourne y estaba de visita.

Al día siguiente llegó Thierry, un chico tímido hasta que ganamos confianza y  le descubrimos realmente.

La primera semana pasó volando. Básicamente la mayor parte del “trabajo” era en el obrador: hacer la masa del pan siguiendo la receta, hacer el pan y hornear, hacer la bollería, tartaletas de limón, crema pastelera, chocolate fundido para los petit suisse, napolitanas, croissants de jamón y queso etc…

 
 
¡Qué rico! Pensaréis, pero la verdad es que acabamos saturados de comer tanto azúcar.

 
Vendían en tres mercados diferentes a la semana. Esos días cargábamos la furgoneta, instalábamos la carpa, las mesas y demás mobiliario y… ¡a vender!

 
Los días que no había mercado, después de comer, teníamos tiempo libre y nos dejaban un coche para poder ir a las playas de alrededor, piscina o incluso ir al club de tenis del que eran socios y poder juagar algún partido.

 
 
La relación con la familia fue muy buena durante toda la estancia. Todos los días desayunábamos, comíamos y cenábamos juntos. Los niños estaban de vacaciones así que a veces se apuntaban a venir con nosotros a la playa o piscina.

La segunda semana nos propusieron preparar paellas para vender en los mercados de los viernes a la tarde, y así lo hicimos. Fue un éxito. A los australianos les encanta el tema spanish-paella.

 
Nos encontramos con algunos sudamericanos que llevaban años viviendo en Australia y también pudimos conocer a un chico de Zaragoza que vive con su novia en Sydney. Buenos ratos y hay que resaltar que la gente era encantadora y muy educada.

La tercera semana era el cumple del padre y nos invitó a cenar en un restaurante tailandés con algunos amigos suyos, un detalle por su parte. También nos llevó y nos enseñó a pescar, una de sus pasiones.

 
 
También tuvimos ocasión de ir un domingo a pasar el día a Narooma y comer en un camping donde estaban pasando el fin de semana unos amigos suyos. Precioso lugar.

 
 
Los niños tenían seis, nueve y trece años. La pequeña era un encanto y rápido nos cautivó. Los niños eran un poco más distantes pero también pasamos buenos ratos en la playa o jugando.

Una vez más, pudimos ver el estilo de vida aussie fuera de la ciudad; ambiente muy relajado, nada que ver con el estrés de Sydney. Eso sí, era verano en Australia y se palpaba un poder adquisitivo alto en esta zona. Para muchos esta localidad era donde tenían su residencia de verano.

Volviendo de la playa podías cruzarte con gente paseando a caballo por la carretera, granjeros trabajando en sus jardines o canguros saltando.

En la casa nos hicimos amigos de las gallinas, los patos y en cuanto a las cabras, Shandra prefería verlas de lejos ¡jajajaja!

 
El mes pasó bastante rápido y nos sirvió para ir planeando y reservando otros proyectos con Helpx, aunque si es cierto que al final ya contábamos los días para seguir viajando.

Se acabó enero y, en febrero, ya teníamos otro plan. Viajaríamos junto a Thierry hasta Melbourne, unos 750kms y de allí volaríamos hasta Tasmania para ir a “trabajar” a una granja al norte de la isla. Para llegar hasta Melbourne teníamos la posibilidad de coger un autobús pero decidimos probar suerte y hacer auto-stop. ¡A la aventura!

 
La experiencia fue divertida y tuvimos mucha suerte teniendo en cuenta que éramos tres.

Después de tres coches que poco a poco nos iban acortando la ruta, nos paró un señor y con él hicimos bastantes kilómetros. Además nos paró en varios sitios turísticos, como este mirador en Eden, donde pudimos sacar esta foto.

 
Durante el camino,  nos invitó a dormir en su casa en Orbost.

Reg, como se llamaba, era un camionero jubilado que acababa de comprar la casa y estaba poco a poco reparándola. Cenamos juntos y pudimos charlar con él, tenía buen humor y fue muy amable con nosotros.

Al día siguiente aún nos acercó ¡100 kilómetros más!, diciendo que le venía bien pues iba hacer compras en ese pueblo.

Un día más tuvimos suerte y nos pararon varios coches. Paramos a comer en un típico Fish&Chips y vuelta a la carretera. Esta vez nos colocamos cerca de una gasolinera y se nos ocurrió cambiar de táctica y preguntar directamente a alguien si iba hacia Melbourne, ya que solo quedaban unos 250kms.

Jon se acercó al coche de una mujer que viajaba sola y esta aceptó encantada llevarnos y además con tanta suerte para nosotros que se dirigía ¡al aeropuerto de Melbourne! Nos pasamos todo el camino charlando con la simpática Michelle, una australiana que vivía en Perth y estaba de vacaciones. En las más de dos horas de camino tuvimos tiempo de conocernos e incluso canturrear alguna canción. Cuando estábamos próximos a nuestro destino nos preguntó a dónde íbamos concretamente y se ofreció a llevarnos: ¡increíble!

Nos quedábamos a dormir en Weribee a las afueras de Melbourne, en casa de Gauthier el francés que conocimos en Moruya y con el que compartimos varios días en el obrador y en los mercados.

Dicho y hecho, esta  mujer nos dejó en la puerta de la casa: Ding! Dong!

Más en el próximo post.

HASTA PRONTO

domingo, 4 de mayo de 2014

UN PRIMO LEJANO EN AUSTRALIA


Jon estaba tenso al volante. Había que conducir por el carril izquierdo, sentado en el lado derecho del coche. Así que, inconscientemente, el vehículo “campervan” de siete metros de largo y dos metros de ancho tendía a írsele hacia la izquierda, limando bordillos y quitamiedos. Además había que salir de una gran ciudad como es Sydney, así que no paraba de ladear la cabeza de un lado a otro buscando referencias en los espejos retrovisores.
 


 
En un par de horas lo tenía dominado.

Tomamos la Pacific Highway, carretera que recorre parte de la costa este, concretamente el tramo que teníamos que realizar: Sydney-Brisbane.

Nos sentíamos libres circulando por las carreteras de este inmenso país, aunque limitados por el tiempo para concluir la ruta.

Paramos en una granja para aprovisionarnos de verduras orgánicas. Es curioso, no hay nadie en la tienda y tienes que pagar dejando el dinero en una caja. ¡La caja de la honradez! Algo habitual por aquí.
 
 
Y tras la primera etapa dormimos a orillas de un lago en una localidad cercana a Taree, pudimos haber parado en algún lugar más bello pero se nos hizo de noche, aunque una enorme e impresionante luna llena hacía que la noche no fuera tan oscura.

Al día siguiente habíamos quedado con Santi, el primo tercero de Jon, y con Linda, su pareja. Por fin nos íbamos a conocer puesto que el pueblo donde viven, Lawrence, situado entre Grafton y Maclean, nos cogía de camino en nuestra ruta.

Nos invitaron a comer una deliciosa paella. Fue fantástico conocerles y nos invitaron a volver. Cosa que hicimos dos días más tarde, cuando dejamos la furgoneta en Brisbane.

Desde Lawrence pusimos rumbo a Byron Bay donde también habíamos quedado con alguien: Marcus y Sandra, unos amigos Suecos con los que habíamos pasado una semana en Laos.

Allí hicimos noche y al amanecer, nos dimos nuestro primer baño en aguas australianas; en la preciosa playa de esta famosa localidad conocida y frecuentada por hippies y surfistas.


 
Tras el baño pusimos rumbo a Brisbane, donde conseguimos entregar la campervan sana y salva. Lo hicimos sobre la bocina, sudando la gota gorda puesto que fue complicado encontrar el lugar de entrega en una zona industrial. Desde allí no sabíamos cómo llegar al centro de la ciudad sin tener que esperar una hora a pleno sol a un autobús que nos dijeron que podíamos coger. Así que hicimos auto-stop y un hombre muy majo nos acercó.

Nuestro siguiente cometido: descartada la opción autobuses,  encontrar billetes de tren para llegar a Grafton al día siguiente y poder pasar las Navidades con Linda y Santi. No fue fácil. Al igual que los tickets de autobús estaban agotados, tras preguntar y preguntar una señora de una agencia nos encontró dos plazas para el tren de las 5.30 a.m del día siguiente. Los compramos. Era un tren dirección Sydney con numerosas paradas, bastante caro y mucha gente que se desplazaba por Navidad.

Hicimos noche en un Backpacker. La opción más barata que encontramos fue el “Yelllow Submarine”, habitación doble 65 dólares australianos.

A la mañana siguiente, ocho horas de tren después, allí estaba el bueno de Santi esperándonos con una sonrisa en la estación de Grafton.

Santi es actor. Participó en varias series en España y, posteriormente, en Australia (por ejemplo, Flipper). Ha sido profesor de español y de teatro en escuelas de la zona en la que Linda y el viven. Ahora edita sus propios videos en youtube, donde tiene su propio canal, Marginal Media.

Os invitamos a suscribiros a su canal, es gratis y os echareis unas buenas risas. Aquí os dejamos uno de sus videos.

 

Es un tio cojonudo. Alegre, optimista, creativo y soñador; además de humilde y generoso.

Las cervezas que nos tomábamos juntos todos los días viendo la puesta de sol y conversando, son momentos que nunca olvidaremos.


Como tampoco olvidaremos las posteriores riquísimas cenas con las que Linda, excelente cocinera, nos deleitaba.

Qué decir de Linda, su compañera; una mujer encantadora. Son una pareja genial y tenemos mucho que agradecerles.
 



Con ellos empezamos a descubrir Australia y el estilo de vida aussie. También allí, cerquita de su casa, vimos nuestros primeros canguros.

 


O nuestro primer emú.



Nos enseñaron playas preciosas.

 
Disfrutamos de una exquisita cena de Navidad, con la familia de Linda, en casa de su tía.
 
 
Al día siguiente, el ”Boxing Day” (26 diciembre), comimos en la playa con más familiares de Linda. Y posteriormente la conexión “primos lejanos” derrotó a tres aussies en un histórico partido de fútbol en la playa.
Sin duda, fueron unas Navidades, en pleno verano australiano, muy especiales.



Antes de dejar Lawrence, este pueblo pequeñito y tranquilo, Santi se cogió tres días de vacaciones y nos llevó a recorrer y a conocer el “outback” australiano, por las montañas y pueblos del interior: 





 

Para terminar, he aquí dos videos en los que aparecemos:

-       En este Jon trata de explicar delante de las cámaras en que consiste el concepto “Relocation”:

 

-       Este otro, un video que Santi montó con unas pocas fotos que nos robó:

    
 

¡Santi, como te recreas con el caño del final!

Muchas gracias por los momentos compartidos.

En el próximo post contaremos nuestra primera experiencia a través de la web “Helpx”.

HASTA PRONTO

viernes, 11 de abril de 2014

SYDNEY: DEL GRAN SHOCK, A CÓMO VIAJAR BARATO POR AUSTRALIA


Por fin, nos veíamos felices y contentos en un avión rumbo a Sydney. Pero no duraría mucho la alegría.

Poner los pies en Australia supone recibir un sopapo en ambas mejillas en forma de “¡todo aquí es muy caro!”. Sin ir más lejos, con lo que nos costó el tren que nos llevó desde el aeropuerto hasta la ciudad, podemos vivir unos diez días en Tailandia, por ejemplo.

El cambio fue terrible, más teniendo en cuenta el tiempo que llevábamos pululando por el Sudeste Asiático, donde podíamos viajar realmente barato, como os hemos venido contando hasta ahora.

Así que veíamos que nuestro presupuesto o, mejor dicho, lo que quedaba de él, se nos iba a esfumar en unas semanas en Australia si no poníamos solución.

Tuvimos que tomarnos un momento largo de reflexión. Un momento del viaje que, sin duda, ninguno de los dos olvidaremos fácilmente. Buscábamos una respuesta a la pregunta: ¿Y, ahora, qué queremos hacer?

Algo de congoja, alguna lágrima, muchos abrazos…búsqueda de vuelos de vuelta…más abrazos, más apoyo mutuo.

Finalmente, decidimos ponernos las pilas. Queríamos seguir viajando, queríamos seguir aprendiendo y vivir grandes experiencias. Y…queríamos mejorar nuestro nivel de inglés.

Casi una semana en Sydney. Todos los días dedicábamos unas cuantas horas a buscar soluciones. Nos íbamos a la biblioteca frente a Circular Quay, donde la conexión a internet es gratuita.
 

 
Además, compramos una tarjeta prepago para poder tener nuestro número de teléfono australiano, pudiendo estar localizables para todas aquellas solicitudes (ahora os contamos de qué tipo) que íbamos enviando.

Decir que conseguir alojamiento vía couchsurfing en Sydney es muy difícil. Lo intentamos varios días atrás desde Malasia, pero nada.

Bueno, a lo que íbamos… ¡Por fin, hallamos el antídoto a semejante shock!

Antes de decíroslo, he aquí unas fotos de Sydney, que también nos la pateamos porque no todo iban a ser agobios.
 

 
Y ahora sí, he aquí unas valiosas recomendaciones de CÓMO VIAJAR BARATO POR AUSTRALIA:

-       Relocation campervans”: o lo que es lo mismo, reubicar una campervan o motorhome a su lugar de origen. Consiste en llevar al lugar de partida el vehículo en cuestión que previamente fue alquilado por alguien para hacer una ruta.

 

La web que nosotros utilizamos es “Drivenow”; todos los días refrescan las posibles rutas y en verano hay bastantes opciones, cada día aparecen rutas nuevas. Hay más webs de “relocations”, pero esta no te exige registrarte. Nosotros hicimos de esta forma la ruta Sydney – Brisbane, por la costa este. Luego os lo contamos y os damos más detalle.

 

-       HelpX”: ¡qué gran descubrimiento! La web a través de la cual encontramos nuestros “trabajos” que preferimos llamar colaboraciones o ayudas. Se trata de una web a través de la cual, previo registro (hay que pagar 20 euros) y alta de un perfil con nuestras cualidades, los “helpers” (ayudantes) interactuamos con los distintos “hosters” (alojamientos).

 

Cuando ambos llegan a un acuerdo, se procede al intercambio: los helpers trabajamos unas horas al día (4h. normalmente) a cambio del alojamiento y comida que el “hoster” nos proporciona.

 

Una herramienta a la que estamos enormemente agradecidos por las experiencias que nos está brindando.

 

A través de HelpX accedemos a sitios increíbles, tranquilos y, normalmente, no muy turísticos; practicamos inglés con la familia que nos aloja; y disfrutamos de muy buenos momentos, aprendiendo nuevos oficios o, sencillamente, haciendo cosas que nunca antes habíamos hecho. Además, conocemos a otros “helpers”, habitualmente viajeros, con algunos de los cuales hemos hecho una gran amistad.

 

Mientras esperábamos las respuestas a todas las solicitudes que íbamos enviando, nos planteábamos cuándo visitaríamos a Santi, un familiar lejano de Jon, con el que previamente habíamos contactado. Sí, un familiar lejano. No todo el mundo tiene un primo tercero en las antípodas. Desde hace más de 20 años vive en Australia con su compañera, Linda.

Contactamos por teléfono (antes nos habíamos escrito varios e-mails, estando nosotros en Malasia) e íbamos hablando casi a diario. Fuimos invitados desde el principio a pasar con ellos unos días en su casa en Lawrence. Pero, claro, había que llegar hasta allí y queríamos tener cosas atadas antes de subir unos 600 kilómetros al norte de Sydney.

Así que, como el que la sigue la consigue, en los sucesivos días empezamos a recibir respuestas positivas a solicitudes que habíamos enviado a través de las webs que antes hemos comentado.

Aquellas respuestas fueron dando forma de plan a nuestro periplo por Australia. ¡Veíamos la luz!

Lo primero fue una respuesta positiva a través de HelpX; desde el 2 de enero hasta el 2 de febrero nos alojarían en una villa en Moruya, un pequeño pueblo a unos 300 kilómetros al sur de Sydney, donde viviríamos con una familia francesa que ostenta un obrador en casa. Ya os lo contaremos en el próximo post.

Y tras varios días esperando un “sí” para acceder a alguna de las Campervans o Motorhomes de Relocation a través de Drivenow, y sin saber qué dirección tomaríamos desde Sydney ni dónde pasaríamos las Navidades hasta el 2 de Enero, por fin, sonó el teléfono.

No entendimos ni “papa”. Una cosa estaba clara: necesitábamos afinar el oído y mejorar nuestro inglés. What the fox say? Slowly, please!
 
 

“Disponible una enorme campervan para resituarla desde Sydney en su lugar de origen, Brisbane. Unos 900 kilómetros a realizarlos en 3 días. Coste: 5 dólares australianos al día (precio simbólico a pagar a Drivenow), 10 dólares por una botella de gas para poder cocinar, gasolina y comida; la compañía, además, nos reembolsaría 50 dólares de gasolina al entregar el vehículo en Brisbane.
 

 
Tan felices y contentos.

Bueno, quedaba habituarse a conducir por el lado izquierdo, con el volante a la derecha y a mirar también hacia la derecha en rotondas o “ceda el paso”. Sudores fríos para salir de la city pero ¡prueba superada!


 
Os seguiremos contando más en el próximo post. 

HASTA PRONTO
 

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL ERROR GARRAFAL...O CÓMO DISFRUTAR DE MALASIA


Antes de contaos lo que nos sucedió, pongámonos en antecedentes.

Nuestro viaje comenzó en Tailandia, ya casi hace siete meses. En aquella ocasión aterrizamos en Bangkok, entrando en el país sin necesidad de tramitar previamente ningún visado. Nos lo concedieron a la llegada (“on arrival”) en el propio aeropuerto, de forma gratuita y para un mes.

Posteriormente cruzamos a otros países, en barco o en autobús, visitando Laos, Vietnam y Camboya, negociando el precio del visado o no, o esperando a la concesión del visado durante unos minutos porque algún billete de diez dólares no era nuevo.

Desde Camboya volvimos a cruzar a Tailandia. Otra vez un visado gratuito, un mero trámite en la frontera.

Y aquí está el problema, he aquí nuestro ERROR GARRAFAL: entrar por tierra en Tailandia supone la concesión de un visado de ¡¡¡¡¡¡15 días!!!!!!

Así pues, nos resituamos en la localidad que mencionábamos en el post anterior: Pak Bara. Llevábamos 24 días en Tailandia, es decir, 9 días de ilegales. Desde este pueblo pensábamos visitar en barco, Koh Lipe, otra isla paradisíaca. La tarde-noche anterior, a Jon se le ocurrió mirar su pasaporte, donde en el sello del visado podía leerse claramente que el visado era para 15 días. Sudores fríos y, por supuesto, cambio de planes repentino. Bueno, no sólo de planes, también de país; y al día siguiente.

A decir verdad, solamente teníamos pensado pisar Malaysia para volar a Sydney desde su capital, Kuala Lumpur. Pensábamos apurar nuestros días en las islas del recién encontrado paraíso. Ilusos.

Así que, algo apurados y con la sonrisa nerviosa aún en nuestras bocas, decidimos coger a la mañana siguiente el primer autobús que nos llevase a algún lugar cercano a la frontera Tailandia-Malaysia, que debíamos cruzar.

Tras una rápida, divertida y, no por ello, menos estresante lectura de un foro de viajes, encontramos aquél lugar, nuestro próximo destino: Penang-Georgetown.

Menos divertida fue la lectura, también en internet, de la definición de overstay (básicamente, “estar más de la cuenta”), o de casos de estancias en cárceles en Tailandia por excederse en los días del visado, o de la multa que, no es que seguramente nos tocase pagar, no. La que obviamente pagamos. Sí, es bonito imaginarse en una película sobornando al policía fronterizo corrupto de turno. Evidentemente intentamos corromperle. Fue imposible. He aquí una foto anecdótica:




Peeeeeero, tras un desafortunado golpe, suele aparecer la buena fortuna. A la tarde siguiente, estábamos en Georgetown. Sin duda, una de las grandes sorpresas del viaje.



Una localidad cuyo casco antiguo, centro de la ciudad, fue declarada Patrimonio de la Humanidad hace cinco años.




A destacar la gran belleza de sus calles, con el arte siempre presente, famosa por su “Street Art”...



...antiguos y coquetos edificios y viviendas coloniales...



...o el precioso barrio flotante de los pescadores.





Impresionante la mezcla de culturas. Cada cual con sus principales núcleos o espacios como por ejemplo el Chinatown o Little India, pero conviviendo en toda la ciudad apaciblemente chinos, indios, musulmanes y malayos.



Todo ello convierte cada paseo en un disfrute constante. Patear las calles es un viaje en sí mismo.

 




Y la visita a esta ciudad, la cual hemos olvidado decir que se trata de una isla al noroeste de Malasia, conectada por un gran puente con la península, fue si cabe más especial desde el momento en que conocimos a Emma y Thomas.

Una genial pareja, ella canariona y él estadounidense, con la que aprendimos y disfrutamos muchísimo. Ambos llevan viajando toda la vida y, de hecho, desde hace unos cuantos años viven viajando. Para ellos cada día es un viaje, cada día es aprender, cada día es experimentar. En aquellos días juntos forjamos una amistad especial, charlando, caminando, comiendo o riendo juntos. La despedida no tuvo un sabor muy triste pues todos la tomamos como un hasta luego.



Nos despedimos de ellos en la estación de Butterworth, tras cruzar desde Penang en ferry (gratuito, por cierto). Cada uno seguía su camino y el nuestro era dirección Kuala Lumpur.

En la capital de Malasia tuvo lugar nuestra primera experiencia couchsurfing, muy útil y recomendable para cualquier viajero.

Y no pudo ser mejor experiencia. Tras dos respuestas positivas para alojarnos y con cambio a última hora de una a la otra, sin saber muy bien porque razón…uffff…¡¡¡cómo es el destino!!

La fortuna nos ponía buena cara. Quedamos en un bar de la calle más céntrica de la ciudad.



Allí nos encontraríamos con Jimmy, un encantador joven francés, también alojado en la casa del señor X (no podemos desvelar su identidad). Este japonés, de unos treinta años, no suele llegar hasta tarde por la noche a casa porque termina muy tarde de trabajar.  

Jimmy nos acompañaba hasta el piso que la empresa para la que trabaja el señor X pone a su disposición y que, grandiosa generosidad, éste pone a disposición de los “couchsurfers” como Jimmy o nosotros. El piso estaba situado concretamente en el piso 24 de un nuevo e imponente rascacielos, céntrico y muy próximo a las torres Petronas, que son estas:
 



Las vistas desde el enorme y moderno piso por la noche son impresionantes.



Al llegar, Jimmy nos preguntó si necesitábamos una ducha, creíamos, para indicarnos donde estaba el servicio. Aún estábamos alucinando por las modernidades y dimensiones del piso cuando Jimmy nos hizo acompañarle fuera de casa. Cogimos el ascensor hasta el último piso. Al salir del ascensor nos topamos con unas tumbonas, duchas y ¡piscina! INCREIBLE. Quedaba media hora para poder disfrtar la piscina y nos dimos un inesperado y placentero baño mientras Jimmy se descojonaba al ver nuestras caras de incredulidad.

Todas las noches cocinábamos la cena para compartir unos momentos con el bueno del Señor X.

Aquel lujo inesperado fue perfecto para coger fuerzas para lo que nos esperaba: AUSTRALIA.

En el siguiente post os contaremos lo que supuso poner los pies en Sydney.

HASTA PRONTO.